“La humanidad que desprende su obra es una cualidad a la que no desea renunciar, porque la escultura le otorga el poder de convertir la materia en un organismo con vida propia. Su escultura tiene el don de convertir el objeto en sujeto, por medio de una alteración semántica que nos permite ver “seres” en lugar de materia inerte. Para realizar este salto desde el objeto hacia el sujeto, la materia se transforma en “alguien” dotado de capacidad narrativa, capaz de hilvanar un discurso.

Walter Benjamín decía que el aura “es el acto de prestar una mirada a lo inanimado”. “Sentir el aura de una cosa –añade– consiste en otorgarle el poder de levantar los ojos y de lanzar un grito o un suspiro.” Jordi Cases, durante el proceso de creación, dota a la materia de esa aura de que habla Walter Benjamin.

Independientemente del significado que podamos atribuir a cada pieza, cada una de ellas “es”. Gracias a sus diversas cualidades plásticas, cada obra asume su papel de “ser”, de volumen parlante que nos hace partícipes del mundo poético y terrenal propio. Cada una de ellas nos tiende lazos que nos ayudan a curar nuestras heridas abiertas por la soledad y la incomunicación. Esa es una de las cualidades que nos hacen valorar y amar el arte, y distinguir entre una obra de arte y un volumen bien modelado. Y estas piezas que generosamente nos ofrece Cases no sólo nos hablan, sino que también nos escuchan. Y se dejan “ser” lo que nosotros queramos que “sean”.

Nunca la piedra y el metal resultan tan dúctiles como cuando se convierten en escultura: adoptando la forma del pensamiento y el sentimiento del autor y dejando que nuestra razón y nuestro espíritu se cobijen bajo esas formas.”


Angels Manzano

Žjordi Cases 2008
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